Presentación
Sigmund Freud acentuó y anticipó algunas cuestiones relevantes para nuestro tema, Exceso: Variaciones sobre el síntoma. Escribió una historia del trauma al destacarlo y traducirlo al lenguaje del Psicoanálisis. Los primeros años lo vinculó al trauma sexual. Poco a poco, esa lectura inicial quedó desdibujada y abandonada hasta que en Más allá del principio del placer (en contexto de guerras) la retomó cuando conectó la marca con una pérdida, con un más allá del placer, y notó que la repetición iba de la mano de la pulsión de muerte. Esta historia sirvió, mucho más tarde, para que Jacques Lacan elaborara la cuestión del goce. Precisamente, Freud fue quien habló muy temprano de la importancia de la palabra y sus efectos sobre el cuerpo, al decir que en todos los casos se puede confirmar que los síntomas se hallan bajo la influencia directa de las excitaciones, de las conmociones emocionales. Recordemos la frase de Freud, “Un susto violento, una injuria u ofensa candentes son capaces de poner repentino fin a la existencia”.
Pese a estos descubrimientos freudianos, ello no ha impedido en algunos casos cierta ceguera e incluso ignorancia de aquellas definiciones acerca del objeto que interesa al psicoanálisis en el centro de sus descubrimientos. Tan importante es esa marca en cada palabra. Ella pareciera organizar encuentros en nuestros sueños, que están fuera de programa. Tiene incidencia en la vida erótica del sujeto, se presenta a partir de contingencias. Esa huella en la historia del psicoanálisis, en la historia del trauma, trata siempre de la historia de encuentros con sorpresas, fuera de programación. Es decir, no solo lo impredecible sino en ocasiones lo inconcebible. En eso consiste un relato, la historia de los malos encuentros, de las malas sorpresas que se tuvieron.
Son las muestras de un desarreglo fundamental en los seres hablantes, que Jacques Lacan ha retomado en múltiples lugares mucho antes de hablar de manera fulgurante de la no relación sexual.
En los comienzos, precisamente en su escrito “El estadio del espejo”, a fin de esclarecer, entre otras cosas, la función de la libido en Freud y apoyado en los estudios de Wallon y de Bolk, habló sobre la constitución de la imagen y ahí dijo: “la función de la imagen es establecer una relación del organismo
con su realidad”. Esa relación está alterada por una dehiscencia del organismo en su seno, propia del encuentro con la imagen. El meollo del asunto es un desajuste o “discordia primordial” en la constitución de la imagen. Discordancias entre la función alienante del yo [je] y la agresividad en toda relación con el otro. Más precisamente, “el estadio del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación”.
Luego, Jacques Lacan a la hora de hablar de la letra asevera lo siguiente: “pues es por la marca de arbitrariedad propia de esta como se explica la extraordinaria contingencia de los accidentes que dan al inconsciente su verdadero rostro”. Por estas razones es que los actos fallidos, los sueños, los chistes como contingencias abrieron el campo hacia el inconsciente.
Finalmente, y para mencionar el camino en torno al término que anunciamos en el título de ABC N°5 −Exceso: Variaciones sobre el síntoma−, en la conferencia “Joyce el síntoma” Jacques Lacan formula la siguiente frase que ha sido nuestro punto de partida junto a su contexto: “Dejemos el síntoma en lo que es: un acontecimiento de cuerpo ligado a que se lo tiene (…) en ocasiones eso se canta, y Joyce no se priva de ello”. Tras la búsqueda lo reencuentro casi con las mismas palabras de Freud, en la conferencia 32 sobre la angustia, en la que afirma que la huella de afecto produce trauma; es la definición general
de acontecimiento. Y en la letra de Jacques-Alain Miller, un aporte de precisión a nuestro tema: “El acontecimiento fundador de la huella de afecto es un acontecimiento que mantiene un desequilibrio permanente, que mantiene en el cuerpo, en la psique, un exceso de excitación que no se deja reabsorber”. Tenemos ahí la definición general de acontecimiento traumático, aquél que deja huellas en la vida subsiguiente del ser-hablante. En este número de la revista ABC encontraremos avances
específicos referidos a la clínica del exceso sobre la anorexia, las adicciones, la bulimia, la cuestión trans. La complejidad de este campo de síntomas, que cada vez más proliferan, reclama tratar estas cuestiones por parte del psicoanálisis.
Reflexionan sobre el tema Domenico Cosenza, Manuel Ramírez, Mirtha Benítez, Silvia Conía, Marcelo Izaguirre y quien escribe estas líneas. En la nueva subsección Traducción publicamos, de Domenico
Cosenza, “Hacia una clínica del exceso: síntomas contemporáneos y la orientación analítica a lo real”, texto en el que destaca algunos rasgos estructurales relevantes en estos casos. Asimismo, Manuel
Ramírez escribe sobre “la raíz del síntoma”, el exceso, sobre una clínica en la que se destaca la manera en que cada uno se las arregla con el real inicial, el goce alrededor del cual se ha constituido. Mirtha Benítez recorre un camino en torno a la anorexia, Silvia Conía articula la diferencia del término lujuria en la literatura y el síntoma, Marcelo Izaguirre realiza una lectura aguda acerca de cómo Foucault divide los discursos sobre la vida sexual.
Recuerda los casos de “Herculine Barbin”, quien acabó suicidándose, en contrapartida con Jan Morris, de la que habló Millot en su libro Exsexo, y considera la compleja cuestión del cambio de sexo impuesto en un caso y la problemática de lo “trans” en el otro. En cuanto a mi artículo, pongo el acento sobre los juegos verbales en Freud y en Lacan, la formación jesuítica que comparten Gracián, Maquiavelo y Joyce y sus tortuosas operaciones de lenguaje. Un estudio de Juan Pablo Lucchelli subraya la referencia a la declinación del padre en la obra de Jacques Lacan, bajo la perspectiva de “la importancia que tuvo el encuentro entre Jacques Lacan y Alexandre Kojève en la formación y la obra del primero”.
En nuestra nueva subsección Histórica, Germán García habla del cuerpo, sustancia gozante sometida al imperativo, y su convergencia con lo mismo que Kant pretende excluir, pero que aún desde la exclusión funciona como causa. Por otro lado, Ana Laura Bastianello escribe sobre la metáfora del suplicante
y el superyó. En la sección Diversidades, distintos modos de hacer con la lengua en la conexión literatura-psicoanálisis: Gabriel Levy, sobre “el misterio, el secreto, el enigma”; Juan José Mendoza nos trae una ficción titulada “Katty Skaffy”; Vilma Coccoz parte de Lituraterre y desarrolla el campo común
que existe entre literatura y psicoanálisis; Gabriela Rodríguez recuerda el encuentro de Djuna Barnes con Joyce, quien revela al músico en la lengua.
En Reseñas, Ana Santillán escribe sobre el libro En los confines de las tiemblas: Los locos literarios, de Raymond Queneau, y Marcela Varela, una nota histórica sobre Colegio Libre de Estudios Superiores.
Hemos reunido en las secciones de la revista ABC la cultura del psicoanálisis un conjunto de textos cuyos autores dan respuestas originales. En la sección Flashes inauguramos dos subsecciones, Histórica y Traducción.
MdRR

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