sábado, 26 de diciembre de 2020

ABC La cultura del psicoanálisis Nº 4




Presentación

 

Desde sus primeros escritos Freud abrió el debate sobre sexualidad. Lo fue tratando en: las derivas de las pulsiones, la sexualidad infantil, la perversión. Luego detalló el síntoma, tanto en relación al sufrimiento como a la satisfacción. También imprimió el mundo clásico a los sueños, de ahí, el complejo de Edipo, los deseos incestuosos y la castración. Llamó “roca” al misterio de por qué hombres y mujeres rechazan lo femenino. Afirmó, desde muy temprano, que los síntomas por abstinencia sexual tienen, a su vez, una relación con lo sexual.

La sexualidad del conjunto de los trayectos freudianos ha sido retomada, una y otra vez, por Jacques Lacan. Asimismo, no faltaron sobre el tema los planteos previos para acercarnos a las cuestiones más difíciles en la división de los sexos. Lo que hace pensar que: Lacan ha sido su precursor.

A partir de los años 70 hizo rectificaciones y precisiones aportadas por la lógica.  En esos años propuso la fórmula “no hay relación sexual”, y con la fórmula llegamos a un conjunto de paradojas que irán a encallar a una no-solución. Este nudo –no solución- está en el centro de todos los debates y derivas que buscan resolver las cuestiones de la sexualidad.

Esa sexualidad elaborada por Sigmund Freud en el siglo XX pasó y pasa por las torsiones y  lecturas de la enseñanza de Jacques Lacan. Y en todos estos años por los esclarecimientos de Jacques Alain Miller. Serie en la que se inscrie la orientación, una y otra vez, de Germán García.

En las redes que van de un siglo a otro nuestra época acelera derivas sobre la sexualidad. Y es retomada por infinidad de disputas. Las leyes se cruzan con derechos que contemplan diversidades sexuales. El empuje de los feminismos incluye debates sobre derechos en pos de mejorar las condiciones de trabajo, poner fin a la violencia y a los crímenes de mujeres. Se suman nuevas nominaciones de las diversidades sexuales en las siglas LGTB, se busca instalar decisiones sobre lenguaje inclusivo.

Por otra parte, el movimiento me-too participa en la sociedad a nivel de una protesta de masas, no siempre con arreglo a una fundamentación intelectual de la que sí disponen algunos de los escritores feministas.

Los múltiples debates muestran los intentos de precisar, de domesticar, o incluso atrapar el problema de la sexualidad.

Al conjunto antes descrito, constantemente se le interponen piedras en el camino, lo que hace pensar que en el centro de sus búsquedas hay algo imposible de resolver. Dicho de otra manera, ese imposible es el elemento que cuenta, en cualquier disputa y también en las derivas a un sinnúmero de equívocos.

Lacan diferencia a partir de la lógica que una cosa es la sexualidad y otra diferente, el sexo. Este último, toma el lugar de fuerza indomesticable. Como con la pulsión hace falta hacer el rodeo una y otra vez. Se trata de algo irreductible, fuente de malentendido y paradojas. Es el “sin salida” de las búsquedas constantes sobre las cuestiones de la sexualidad, y en ocasiones, ese imposible detona en desenlaces fatales de violencia y crímenes.

El conjunto de textos del presente número de ABC la cultura del psicoanálisis N° 4, abordan -en sus secciones: (flashes, diversidades y reseñas)- con los mejores argumentos: sexualidad, derivas y debates.

 

María del Rosario Ramírez


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