Presentación
En
este número de la revista ABC encontrarán
una traducción del excelente estudio de Jules de Gaultier, Le Bovarysme (1902). Se trata de la cuarta parte, titulada “Lo Real”.
El
autor, según lo indica al comienzo en el apartado denominado “Advertencia”, pone
un aparato de óptica mental… “que
permite interesarse en el juego del fenómeno humano por el conocimiento de
algunas de las reglas que lo ordenan”. Entre
esas reglas que lo ordenan, descubrimos que algunas se sitúan en torno al “principio
de sugestión”. Se trata también del
imperio de una ilusión cuya complejidad desglosa Gaultier.
La postura
“bovárica” se articula en una frase: creerse
otro que no es. Su consecuencia es
que este ideal bovárico —como lo expresa el autor— tiende a inventar una imagen idealizada de sí, donde radica el problema del error sobre la persona.
Cuando
Jacques Lacan en su tesis, De la psicosis
paranoica en sus relaciones con la personalidad (1932), trata las
manifestaciones verbales de la escritura de Aimée, dice lo siguiente: “una
aspiración amorosa” discordante con la realidad y destinada al fracaso, “esencialmente
bovarista, refiriéndonos directamente con esta palabra al tipo de la heroína de
Flaubert”[1].
Más adelante, vincula las búsquedas sentimentales de Aimée con el bovarismo,
“en el cual desempeñan un papel los sueños ambiciosos”[2].
Y en su escrito Acerca de la causalidad
psíquica (1946) afirma acerca de Gaultier: “el autor, autorizadísimo, al
que el bovarismo, adecuado a la
medida de su simpatía por los enfermos, daba la clave de la paranoia”[3].
Estas citas,
por supuesto, no pretenden economizar los argumentos ni los detalles a los que
las referencias hacen lugar, y cuyo tratamiento excede por completo el
propósito de estas líneas.
Gaultier
destaca que en el bovarismo hay una incidencia —como sucede en el personaje de
Flaubert, Emma Bovary— de las lecturas, los medios de masa y la propaganda, que
llevan a la copia de una imagen. El bovarista sólo copia la función que le toca
desempeñar, de modo que entonces hará de cura, de médico, de esposo o de
señora, como una mera imitación de dicha función. Es decir, una parodia.
Dan
cuenta del índice bovárico los discursos con recaídas reiteradas en repeticiones,
copias y plagios. ¿Será posible apostar a la singularidad y no a la copia?, ¿cuál
es la incidencia activa de los ideales bováricos?, ¿hemos hecho lo suficiente
para que el bovarismo llegue a su fin?
Recuerdo
el interés que me produjo la frase de Jacques-Alain Miller, de la que hago aquí
una breve referencia salteada:
(…) poner lo que Rabelais y
Germán García llaman el carnaval (…) aceptar el retorno de lo grotesco, del
carnaval, de la tyché (…) puede ser
un riesgo para la tranquilidad (…) más carnaval en la institución pero no en la
práctica. Mantener la tensión entre carnaval y disciplina. Estamos siempre en
el medio de esta tensión.[4]
En
este número de la revista —como ya dije— varios textos tratan de diversas
maneras sobre el bovarismo. La sección FLASHES abre con una
traducción de la cuarta parte, “Lo Real”, del libro Le Bovarysme de Jules de Gaultier; luego, el comentario a mi cargo
sobre el primer capítulo, El bovarismo en
los personajes de Flaubert; a continuación, el texto Manuel Puig y el Psicoanálisis, de Germán García; sigue Resonancias de la paranoia, escrito por Silvia
Conía, y también un comentario sobre La
policía de las familias, de Jacques Donzelot, por Ana Santillán; concluyendo
esta sección, un comentario de Gabriel Levy sobre el libro Amor y anarquismo: Experiencias pioneras que pensaron y ejercieron la
libertad sexual, de Laura Fernández Cordero.
En la
sección DIVERSIDADES podrán leer una traducción de Luciano Ducatelli de un
manuscrito de Hobbes, Carta del Sr. Hobbes
al Sr. Brooke, sobre un caso de anorexia en el siglo XVII; El asunto de la monja Vicenta Álvarez, por
Mirtha Benítez; alfonsina: primer
periódico para mujeres —que dirigió María Moreno—, por Marcela Varela; El nuevo derecho civil de la Argentina
avanza con perspectiva de género, por Verónica Knavs.
En la
última sección, RESEÑAS, encontrarán las referidas a dos libros fundamentales sobre
la historia del psicoanálisis y fundamentales para la cultura de los analistas:
sobre el de Marcelo Izaguirre, Jacques
Lacan: El anclaje de su enseñanza en la Argentina, reseñado por Laura Bosco,
y acerca del libro de Germán García, Oscar
Masotta y el psicoanálisis castellano, por Sebastián A. Bartel. Finalizamos
con una recomendación editorial, Informes
para el psicoanálisis: Una salida, de Germán García.
El
conjunto de textos sobre el bovarismo y sobre el lugar de las mujeres han ido
situando un hilo: la serie va desde el siglo XVII al siglo XXI, contando historias,
relatos de la esclavitud de las mujeres
—diría John Stuart Mill—, sojuzgamientos y transformaciones.
Estas
últimas mucho le deben al psicoanálisis por haber puesto en el centro de sus
elaboraciones, desde Freud hasta la actualidad, una pregunta sostenida sobre la
femineidad y las femineidades. Es necesario indagar en la historia del
psicoanálisis los puntos a los que se ha llegado al considerar la femineidad,
en sus diferencias y en sus malentendidos. Si bien el psicoanálisis está en
nuestro aire, situarse en él y en la pregunta sobre la femineidad es un asunto
que cada uno responde en el propio análisis.
Por
otra parte, mucho es lo que han impulsado en dicha transformación las mujeres
anarquistas hacia fines del siglo XVIII, los debates de los feminismos desde el
siglo XIX hasta hoy, con consecuencias en la implementación de leyes y en su
divulgación.
La
perspectiva que me interesa destacar es no tanto el papel de la heroicidad en
los actores de esas historias —si bien la hubo— sino la particular capacidad
para salir de “un cuarto propio” y ocupar un lugar de enunciación en los
discursos, en las épocas en que les ha tocado y nos toca vivir.
María
del Rosario Ramírez
[1] Lacan,
J. (1932). De la psicosis paranoica en
sus relaciones con la personalidad. p. 164. Argentina: Siglo XXI editores. (1°Ed.
en español, 1976).
[2] Lacan,
J. Obra citada. p. 208.
[3] Lacan,
J. (1946). Acerca de la causalidad
psíquica. En Escritos I. p. 169. Argentina: Siglo XXI Editores. (2007).
[4]
Miller, J. A. (1997). El psicoanalista y su comunidad. En Conferencias
porteñas. T. 3. Buenos Aires: Paidós.
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La presentación de ABC la cultura delPsicoanálisis
ResponderBorrarInteresante apuesta,una lectura lacaniana es la inversión del bovarismo, se podría decir trastocando una frase de Ricardo Piglia. Saludos César Mazza
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